Aprender a mirar: el diseño como herramienta de transformación
«Tengo todas las ideas en la cabeza, y las ordené en fila para que salgan una atrás de la otra.»
Theo tenía cuatro años cuando dijo eso, y es la primera frase del libro.
Libro · Cátedra
Hace años que sostengo que el problema más frecuente en arquitectura no es de ejecución sino de diagnóstico: el proyecto sale mal porque el problema estaba mal planteado desde el principio. Lo que el estudio hace, en cada encargo, es retroceder hasta el momento en que el problema todavía puede ser reformulado. Mirar antes de proponer.
Cuando gané el concurso para Profesor Titular en el CBC de la UBA y empecé a diseñar la Cátedra Najmias, descubrí que ese mismo principio era exactamente lo que la educación proyectual argentina raramente enseña. La mayoría de los cursos de diseño arrancan por la propuesta, por la forma, por la solución. Lo que rara vez se enseña, y lo que más falta hace, es el momento anterior: aprender a ver lo que está pasando antes de decidir qué hacer con ello. Los estudiantes que llegan al CBC en su primer cuatrimestre universitario todavía no automatizaron la secuencia equivocada: proponer antes de mirar. Esa ventana no dura mucho.
Los tres ejercicios que documenta el libro son el método hecho visible: los estudiantes construyen una representación de su identidad antes de aprender técnicas, manipulan papel para entender escala y estructura, e intervienen en el espacio público de Buenos Aires con una condición que define todo el programa en (Inter)Acciones Urbanas: el proyecto no está completo hasta que se puedan observar efectos reales en la comunidad. Esa condición es exactamente la que el estudio aplica en cada encargo, independientemente de la escala o el programa.
Publicar con la editorial de la facultad de arquitectura más grande de América Latina, la misma institución donde me formé y donde doy clases desde hace más de veinte años, tiene un peso específico que va más allá de lo editorial: es el reconocimiento de que lo que se hace en este taller, con 400 a 600 estudiantes por cuatrimestre de las siete carreras de la FADU, vale la pena ser documentado. Y es también la confirmación de algo que Oliverio Najmias Arquitectos practica desde 2007: que el momento más importante de cualquier proyecto no es cuando se empieza a diseñar, sino cuando se decide qué problema vale la pena resolver.